Una historia 44-471-2016-41-51 sobre integridad financiera:

 En una noche al director de una unidad de empresa se le ocurrió, que podría mejorar su scorecard transfiriendo empleados de su unidad a una empresa de bajo coste, recortar costes salariales y así mejorar los resultados financieros.

Anunció su plan en noviembre 2014 y contrató una consultora para ayudarle en el proyecto.

Durante un año entero trabajó duro para definir el proyecto. Todas las noches pensaba en cómo definir carreras hasta que soñaba de ellas. Juntaba a los empleados a transferir en un departamento, teniendo en cuenta la importancia de CAMSS y se resistía con coraje a las instrucciones del jefe de Europa a rejuvenecer la plantilla. Que la mayoría del departamento tenía más de 40 años, consistía de gente que durante décadas no hizo otra cosa que adaptarse a las tecnologías que se vendieron en cada momento y entre ellos muchos con experiencias CAMSS, era pura coincidencia.

Estaba tan ocupado que en los numerosos eventos que organizaba para informar sobre el progreso de su proyecto, nunca tuvo tiempo para contestar preguntas, porque la siguiente cita siempre apretaba.

Un año después, los afectados quisieron saber cómo por fin quedaban definidas las carreras, pero no pudo compartir el documento, porque aunque se estaba desarrollando con metodología Agile y tenía ya más de 3200 páginas, la consultora seguía trabajando en él y no estaba del todo terminado.

Ante la perspectiva de recortes salariales, trabajar de noche sin derechos y mudarse con su familia al CÉNIT más cercano del horizonte, lo que más inquietaba a los afectados era el nuevo nombre comercial de su empresa destino. Pero el director en Noviembre 2015 aún no lo quería compartir para maximizar suspense y alegría de la sorpresa.

El director de RRHH se reunía con el comité de los afectados de forma pro-activa. Que las fechas coincidían con las dictadas por la Inspección de Trabajo era otra coincidencia inexplicable. Y el abogado especialista en EREs del gabinete de abogados más caro de Madrid, que siempre acompañaba al director, ni siquiera sacaba armas de fuego en las numerosas reuniones. Sospechamos que la principal razón por la que no lo hizo fue, que hubiera sido ilegal.

El director y su abogado compartieron la plantilla de la carta que se iba a mandar a los empleados, sin ningún detalle de derechos transferidos, pero con una amplía justificación del artículo 44. Que legalmente un artículo 44 no requiere justificación alguna, pero un artículo 41 (recorte derechos) y artículo 51 (EREs) sí, no era un detalle preocupante para los afectados.

Durante un año, RRHH minuciosamente estuvo recopilando, documentando y transfiriendo a INSA los derechos laborales de los afectados, para respetar la igualdad de condiciones requerida por el artículo 44. Cuando los afectados empezaron a pedir una copia por escrito de lo transferido, amparado por dos leyes Españolas, simultáneamente se rompieron impresoras, fotocopiadoras y el servidor Verse. El departamento de RRHH se colapsó, porque tuvo que seguir ejerciendo su trabajo con lápiz y goma de borrar.

Consiguieron entregar un resumen de derechos a algunos empleados, pero al darse cuenta, que faltaba la mitad, pararon la medida.

Empezaron a sonar las campanas, cuando el 1 de enero de 2016, puntualmente en el primer minuto de su vigencia, la presidenta de la empresa empezó a comunicar al departamento segregado, a los temporales, y a los contractors, su nuevo centro de trabajo y qué condiciones de su contrato pensaba respetar. La medida fue entusiásticamente bienvenida por los afectados, porque mostraba que se exige la misma integridad financiera para los empleados que para los clientes.